Y me permito realizar una distinción, dividiendo la pregunta en dos partes. O considerando que hay dos preguntas, en realidad, aunque parezca que hay una sola.
1.
Por un lado, uno puede preguntarse si la vida es preferible a la literatura, o si la literatura lo es, en cambio, a la vida. Esta pregunta también se puede formular -con mayor claridad de sentido- en un modo fantástico:
Si se te aparece el Diablo y te ofrece una vida llena de placeres y aventuras, intensidades y maravillas, felicidades y pasiones, pero sin el mínimo talento o la mínima cuota de suerte como para plasmar ninguna de esas experiencias -u otras-; o te ofrece -si lo preferís-, en cambio, un gran talento literario o artístico, con cierta cantidad de obras increíbles, magistrales, endiabladamente envidiables, hechas por vos, pero en el marco de una vida jodida, lo que se dice una vida de mierda...
¿Qué le respondés al amable Sr. Satán?
Por supuesto, solo podés elegir una de las opciones, y cualquiera de ellas al mismo y módico precio: tu Alma -ya conocen a ese viejo Diablo: coleccionista a la vez obsesivo y sádico, nunca aceptaría otra cosa-.
Por este lado, entonces, la pregunta sería: ¿una vida experimentada -pero sin creación ni expresión-, o una vida creativa -pero sin riqueza de experiencias, sin intensidad vital-?
¿Una vida llena de colores y con papeles en blanco, o una vida gris con papeles de oro?
2.
Por otro lado, el dilema se puede plantear al interior mismo de la literatura -o en el ámbito mismo de la creación artística-, en estos términos: ¿qué es preferible para la literatura, la vida o la biblioteca?
La antinomia sería, en este caso: ¿qué es mejor a la hora de sentarse a escribir, la experiencia o la erudición?
Desarrollo binario: ¿biografía o bibliografía?; ¿plenitud vital o plenitud intelectual?; ¿sabiduría a través del libro de la vida, o sabiduría a través de los libros escritos por otras vidas?
O también -con cartas de póker (literatura norteamericana)-: ¿Ernest Hemingway o Henry James?
ABRO PARENTESIS...
Si hablamos de Henry James, probablemente habría que agregar un elemento a este segundo dilema: ¿manos -protagonismo en la acción-, o mirada -ojos de lector (leer los libros), pero también ojos de testigo (leer las vidas ajenas)-?
Es decir:
(a) manos o
(b) mirada.
Y dentro de (b), lo que ya teníamos:
(b.1) lectura de libros,
y lo nuevo -para ser justos con Henry James-:
(b.2) lectura de las vidas y circunstancias que nos rodean, o que pasan a nuestro lado.
...CIERRO PARENTESIS
Bueno, es obvio que casi todos en Buenos Aires escuchamos a alguien alguna vez, y que casi todos leímos un libro alguna vez. También casi todos -o todos- somos protagonistas de alguna acción, realizamos algo en primera persona -o por lo menos eso creemos-.
Que nuestra vida esté conformada por la acción y la lectura -por la lectura de libros y de personas-, no nos cierra el camino para pensar, de cualquier forma, en tendencias, en un énfasis puesto en uno u otro lado al momento de escribir; podemos, por esto, a pesar de todo, plantear y pensar el dilema en su segunda acepción:
¿Escribir con la tinta de la vida o escribir con la pluma de la literatura?
.... .... ....
Puse el ring. Ahora les toca a ustedes poner los guantes.
PD: yo no voy a opinar todavía, pero prometo hacerlo después de que ustedes opinen, se peguen y se peleen.